“Mi Casa será Llamada Casa de Oración para todos los Pueblos”
Es la época del año en que los feligreses regresan de vacaciones, los niños vuelven a la escuela, los alumnos se inscriben en el catecismo y nuestro grupo de jóvenes inicia un nuevo año. ¡Es una alegría ver a toda la familia parroquial reunida en nuestra iglesia, recién pintada! Agradecemos vivir en un país donde podemos practicar libremente nuestra religión y congregarnos en nuestra iglesia. Nuestra iglesia lleva el nombre de «Presentación de la Santísima Virgen María», ya que conmemora nuestra creencia de que María fue presentada en el Templo de Jerusalén cuando era niña. El Templo se consideraba un lugar sagrado. Había patios interiores a los que solo podían entrar los judíos, siempre y cuando se hubieran purificado mediante las abluciones rituales judías (baños *mikvah*). Nadie habría sido más digno de entrar en el Templo que la joven Virgen María, descendiente del rey David, perfectamente pura y concebida sin pecado original.
Sin embargo, cada uno de nosotros también puede entrar libremente en este «templo» parroquial, porque nos hemos convertido en miembros de la familia de Dios y hemos sido purificados del pecado mediante el lavatorio del bautismo.
En el Evangelio de hoy oímos de la mujer “Cananea” quien se acercaba a Jesus para pedir valientemente a Jesús para pedir ayuda para su hija afligida (Mt 15, 21-18) Esta mujer era extranjera. No era de la raza judía. Era una pagana. Sin embargo, ella sabía exactamente dónde acudir en busca de ayuda. Ella se acercó confiadamente a Jesus. Nosotros debemos imitar el ejemplo confianza de esta mujer. Los apóstoles se enfadaron con ella y dijeron a Jesus: "Atiéndela, porque viene gritando detrás de nosotros." Ella se acercó al famoso Mesías de los judíos gritando "¡Señor, hijo de David, ten compasión de mí!" Ella no quiso darse por vencida, incluso cuando Jesús le dijo que su primera misión era con los hijos de Israel: “Yo no he sido enviado sino a los hijos de Israel … No está bien tomar la comida de los hijos y tirarla a los perros". En aquel época, había mucha discriminación en contra de los cananeos. Los judíos a menudo se referían a la gente cananea como “perros”. Pero esta mujer no se dejó paralizar por sentimientos de ira, de resentimiento o de autocompasión. En lugar de sentir lástima por sí misma y darse por vencida, ella siguió clamando cada vez más: “Señor, ayúdame”. Ella insistió: “"Es cierto, Señor; pero también los perritos se comen las migajas que caen de la mesa de sus amos." Entonces Jesús le dio una respuesta positiva: "Mujer, ¡qué grande es tu fe! Que se cumpla lo que deseas". Y en aquel mismo instante quedó curada su hija.
El la segunda lectura de hoy, del profeta Isaías, hay una profecía acerca de este aceptación de los extranjeros. Dice que eventualmente, Dios aceptaría a los extranjeros que se acercan al altar en el templo: “Y a los extranjeros… los llevaré a mi cerro santo y haré que se sientan felices en mi Casa de oración. Serán aceptados los holocaustos y los sacrificios que hagan sobre mi altar, ya que mi casa será llamada Casa de oración para todos los pueblos.” (Isaías 56:6-7)
¡Estas lecturas deberían animarnos e inspirar confianza a cada uno de nosotros, que somos gentiles en tierras extranjeras como California! Sin importar a qué raza pertenezcas, quién seas o de dónde vengas, debes confiar en que Jesús te acepta y que el hará que nosotros “nos sentimos felices en su Casa de oración”!