“Que se Ofrezcan Ustedes Mismos Como una Ofrenda Viva”
“Que se Ofrezcan Ustedes Mismos Como una Ofrenda Viva”
Es muy importante comenzar el día el día con una “oración de la mañana.” Cada libro de oraciones católico tiene al menos una versión de una "oración matutina.” Existen muchas versiones de esta oración, algunas de las cuales fueron escritas por santos. Muchas de estas oraciones incluyen una consagración de uno mismo al Sagrado Corazón de Jesús, o a la Santísima Virgen María- para que ella pueda guiarnos y conducirnos durante el día a ser más como su Hijo. Lo importante es que cada día al despertarnos, ofrecemos el día a Dios. Debemos consagrar nuestros cuerpos y nuestras almas a Dios para que Dios pueda usarnos como quiera realizar la obra salvífica de Jesús. También podemos confiarnos a María, o incluso a San José o a nuestro ángel de la guarda, pidiéndoles que nos guíen durante el día.
Aquí hay dos ejemplos de una “oración de ofrenda matutina” tradicional:
Ofrecimiento del Día
Señor Jesús, por el Corazón Inmaculado de María, Madre nuestra, me consagro a tu Corazón y contigo al Padre, mediante el Espíritu Santo, en tu Santo Sacrificio del Altar, con mi oración y mi trabajo, sufrimientos y alegrías de hoy, en reparación por nuestros pecados. Y para que venga a nosotros tu reino. Te pido en especial por el Papa y las intenciones que ha confiado este mes al Apostolado de la Oración. Amén. (EWTN)
OFRECIMIENTO DE SÍ MISMO (Escrito por San Ignacio de Loyola)
Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a Ti, Señor, lo retorno. Todo es Tuyo: dispone de ello según Tu Voluntad. Dame Tu Amor y Gracia, que éstas me bastan. Amén.
Al hacer una “oración de ofrenda de la mañana” todos los días, demostramos que creemos que nuestras vidas son importantes y que es importante ofrecer nuestras vidas a Dios. No son solamente los sacerdotes y las monjas los que se ofrecen a Dios. Todos nosotros somos corresponsables para la misión de salvación. Todo lo que hacemos durante el día tiene importancia para promover la obra de redención. Cada momento de nuestra vida puede ser un “momento sagrado” y debe ser ofrecido a Dios.
En las sagradas escrituras vemos pruebas de esta idea católica. El Salmo 51 dice que a Dios no le agradan las prácticas religiosas que no son del corazón: “Un sacrificio no te gustaría, ni querrás si te ofrezco, un holocausto. Mi espíritu quebrantado a Dios ofreceré, pues no desdeñas a un corazón contrito.” (Sal. 51:18-19) Por eso Dios quiere nuestros corazones sean arrepentidos. En la segunda lectura de hoy, San Pablo nos insta: “Los exhorto a que se ofrezcan ustedes mismos como una ofrenda viva, santa y agradable a Dios, porque en esto consiste el verdadero culto. No se dejen transformar por los criterios de este mundo; sino dejen que una nueva manera de pensar los transforme internamente, para que sepan distinguir cuál es la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le agrada, lo perfecto.” (Rom. 12:1-2) En este pasaje, San Pablo está usando palabras que se usaban en el Antiguo Testamento para referirse al trabajo de los sacerdotes en el templo quienes debían “ofrecer sacrificio” y “adoración” que fuera “santa y agradable a Dios." ¡San Pablo está diciendo que ahora todos nosotros debemos hacer algo similar: ofrecer nuestros cuerpos y nuestras actividades diarias a Dios!
En el Evangelio de hoy (Mt 16,21-27), Jesús nos dice que esta participación en la obra salvífica de Dios será difícil: “El que quiera venir conmigo, que renuncie a sí mismo, que tome su cruz y me siga.” Jesús también reprende a Pedro quien pensaba que sería mejor evitar el dolor y el sufrimiento de la cruz: "¡Apártate de mí, Satanás, y no intentes hacerme tropezar en mi camino, porque tu modo de pensar no es el de Dios, sino el de los hombres!" Jesus dice que no demos pensar como el mundo, con un actitud seglar y mundana. Esto es el mayor obstáculo para el crecimiento espiritual. Los seres humanos suelen evitar el dolor y buscar consuelo y placer. Este es un obstáculo para seguir el camino de Jesús, que es un camino de amor sacrificial. Pero al final, veremos que vale la pena superar los obstáculos y perseverar y finalmente compartir la gloria de Cristo: “Porque el Hijo del hombre ha de venir rodeado de la gloria de su Padre, en compañía de sus ángeles, y entonces le dará a cada uno lo que merecen sus obras''.